Los problemas ambientales que enfrentamos hoy requieren ser abordados desde múltiples frentes: el técnico, el científico, el social y, también, el simbólico. Para comprenderlos a fondo y movilizar a más personas hacia su resolución, es necesario incorporar nuevas formas de mirar, sentir y comunicar. Entre ellas, el arte se vuelve un canal profundamente eficaz.
El arte tiene la capacidad de tocar fibras que a veces los discursos institucionales no alcanzan. A través de la sensibilidad, la estética y la metáfora, puede poner en el centro temas complejos, dolorosos o invisibilizados. En este contexto, las voces artísticas no solo enriquecen el diálogo ambiental: lo amplifican y lo vuelven más humano.
Desde el blog del Centro de Calidad Ambiental, compartimos esta entrevista con la colectiva Nortejiendo, un grupo de artistas que desde Chihuahua entrelazan hilos, territorios y luchas. Su más reciente proyecto, Tejidos del entorno, nos invita a reflexionar sobre el agua, su deterioro y su vínculo con nuestro entorno, a través de una investigación que combina ciencia, territorio y arte textil.
La entrevista fue realizada en su estudio, un espacio que agradecemos profundamente haber podido visitar. Agradecemos también la confianza para conocer de cerca su obra y adentrarnos en su proceso creativo.
Con esta publicación buscamos visibilizar su trabajo, pero también invitar a quienes leen a formar parte activa en la búsqueda de soluciones para enfrentar esta problemática ambiental tan urgente. Porque el cuidado del agua es una responsabilidad compartida y, también, una causa que puede —y debe— ser abordada desde muchas voces.
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Todo empezó con una madeja de hilo…


CCA: Para empezar, ¿por qué “Nortejiendo”? ¿Quiénes lo conforman?
Natalia: Nortejiendo existe desde marzo de 2017. Surgió como una inquietud muy simple: juntarnos a tejer, convivir, y ya. Pero en esas reuniones comenzaron a surgir muchas preguntas e inquietudes relacionadas con problemáticas sociales.
Actualmente la integramos 5 personas: Isis Estrada, Oscar Solís, Laura Acosta, Lizbeth Olivas y yo, Natalia Barragán.

CCA: ¿Entonces, al principio solo se reunían a tejer?
Isis: Sí, era eso: reunirnos a tejer. Y poco a poco comenzamos a apoyar distintas causas. Eso es algo que todavía hacemos. Convocamos a personas para que donen cuadritos tejidos; con ellos armamos cobijas, suéteres o chalecos que luego donamos a personas en situación vulnerable. Por ejemplo, al albergue que está detrás del Hospital Infantil, a colectivas que protegen a personas migrantes, e incluso colaboramos con una organización que rescata perritos y gatitos. Esa parte solidaria sigue siendo muy fiel a la idea original de Nortejiendo.
CCA: ¿Los cinco integrantes actuales son artistas?
Natalia: No. De hecho, la colectiva la inició una amiga que ya no forma parte. A lo largo de los años ha habido cambios; hay un comité interno que ha ido rotando. Isis y yo somos quienes permanecemos desde 2017.
CCA: ¿Y cómo nació la colectiva?
Isis: Para dar un poco más de contexto: la colectiva existe desde 2017, pero el enfoque como tal —crear arte para comunicar problemáticas sociales— lo adoptamos a partir de nuestra primera instalación en el espacio público, que fue en 2020.
Antes de eso, como decía Natalia, solo nos reuníamos a tejer, convivir, dejar algún detalle simbólico en algún lugar. Pero cuando heredamos el proyecto nosotras, comenzó a tomar forma como una plataforma de activismo. El arte se convirtió en nuestra forma de tener una voz sobre temas que nos importan.
Nos expresamos por medio de instalaciones tanto en espacios públicos como privados, incluso en galerías. Es nuestra forma de hablar con las personas sobre temas que pueden ser complejos o difíciles de digerir. Muchos de esos temas no te atraviesan directamente, pero eso no significa que no estén ocurriendo.
En cada proyecto tratamos de abordar temas que nos afectan de forma personal o que atraviesan a grupos en situación de vulnerabilidad. Siempre hacemos una investigación previa; no es como que vemos algo en una nota o en TikTok y ya lo convertimos en arte. Hay un trabajo detrás, tanto conceptual como de campo.
Nuestra primera instalación pública fue el 8 de marzo de 2020. A partir de ahí, la colectiva comenzó a tomar el rumbo que ahora tiene.


CCA: ¿Cuál es el contexto formativo de quienes integran la colectiva?
Isis: Actualmente, la única que tiene formación artística como tal es Lizbeth Olivas, que está estudiando artes. Es la integrante más joven y la más reciente en unirse. Yo soy psicóloga.
Natalia: Yo estudié ingeniería química ambiental.
Oscar: Yo soy ingeniero de software.
Isis: Y Laura Acosta es licenciada en ciencias de la comunicación, aunque ella se describe más bien como mercadóloga. En realidad, todas teníamos esta inquietud de hacer algo creativo, pero fue a través del textil que encontramos un medio que nos hacía sentido. Nos fuimos explorando en el arte por esa vía, y resultó ser el camino adecuado para todas.
CCA: ¿Cómo describen el lenguaje artístico de la colectiva? ¿Por qué eligieron el textil?
Natalia: Creo que fue algo muy natural. Ninguna de nosotras llegó sabiendo todo. En mi caso, yo no sabía tejer, no tenía ninguna experiencia con el textil. Estudié ingeniería, pero desde el bachillerato ya me interesaban otras expresiones, como la fotografía.
CCA: ¿Ya te llamaba la atención lo artístico?
Natalia: Sí, ya traía esa inquietud. Cuando me invitaron a Nortejiendo, yo no sabía ni hacer una cadena. Me enseñaron lo básico y me encantó. Recuerdo que ese mismo día llegué a mi casa y me puse a hacer un montón de cadenas, larguísimas, porque era lo único que sabía hacer. Luego empecé a investigar más técnicas, a probar materiales, y me di cuenta de lo versátil que es el textil.
Es un medio muy maleable; te permite literalmente “pintar” con hilos. Además, tiene algo muy íntimo. El textil es parte de nuestra vida diaria: lo usamos, lo tocamos, lo cortamos. Creo que esa intimidad lo convierte en una herramienta muy poderosa para expresar temas sociales. Es un lenguaje muy cercano.
Con el tiempo empezamos a experimentar más allá del tejido con gancho. Probamos bordado, telar, costura a máquina, y hasta técnicas como el uso de telas solubles, que se disuelven en agua y te permiten hacer piezas más escultóricas. Hemos hecho máscaras, textiles teñidos de forma experimental… es un mundo infinito. Y todo ha sido a través de la exploración.


CCA: Ya que lo mencionas la exploración artística, ¿cuáles son sus referentes artísticos, culturales o políticos?
Isis: Más que seguir nombres específicos, muchas veces nos inspiran propuestas puntuales. Vemos lo que alguien hizo, tal vez en el desierto o en un contexto muy particular, y pensamos: “qué interesante cómo comunicaron esto”. No siempre son textiles, pero nos interesa cómo logran generar un discurso desde el arte.
Oscar: Sí, depende del proyecto en el que estemos. Por ejemplo, en el caso de la máscara que hicimos sobre el tema climático, no fue tanto la forma en sí, sino la acción simbólica que implicaba. Recuerdo que nos inspiramos en una artista —no me acuerdo bien del nombre— que hizo una instalación en un campo de trigo enorme en Manhattan, en un terreno destinado a la urbanización. Fue una manera de señalar, desde lo ecológico, que antes ese lugar era tierra productiva.
Isis: Sí, se llama Agnes Denes. Y en esa misma investigación encontramos propuestas de artistas sudafricanos que trabajaban exclusivamente sobre la emergencia hídrica. Todas sus piezas estaban enfocadas en el agua, y eso nos resonó mucho para nuestros proyectos. También nos ha influenciado el trabajo de Louise Bourgeois —de hecho, una de nuestras piezas está claramente inspirada en su obra—.
Sabemos que no estamos descubriendo el hilo negro, pero sí creemos que estamos poniendo nuestro granito de arena. Queremos hablar de temas difíciles, a veces estigmatizados o “aburridos”, a través de propuestas artísticas que te interpelan, que te detienen.
Por eso creemos mucho en la equidad del acceso al arte. Nuestras raíces están en el espacio público. Aunque últimamente hemos expuesto más en museos o galerías, lo que nos mueve es poner el arte al alcance de todas las personas.
CCA: Vemos una conversación muy interesante entre lo que hacen y corrientes como el arte povera, el land art y, como ya mencionaron, la obra de Louise Bourgeois. Por ello surge una pregunta: ¿qué papel juega el territorio en su proceso creativo?
Isis: ¿En qué sentido?, ¿de apropiarnos, reconocerlo, reclamarlo? Porque cuando hablamos de territorio, no solo nos referimos al espacio físico. Para nosotras va más allá de lo geográfico.
CCA: Más puntualmente, refiriéndonos a la perspectiva del sitio intervenido.
Natalia: Pues empezamos a hacer instalaciones en espacios públicos porque creemos que el arte debe ser para todas las personas. Queríamos que fuera accesible, porque muchas veces se percibe al museo como un lugar elitista.
CCA: ¿Buscan entonces democratizar el arte?
Isis: Exactamente. Hacerlo accesible para la gente, sin importar su contexto o formación.
CCA: ¿Y por qué ahora virar la mirada hacia la conservación del agua?
Natalia: Pues es que es parte de lo que hacemos. Nuestro objetivo es la defensa de los derechos humanos en general dentro de la colectiva, y el agua es un derecho humano, para todas las personas. Sentimos que la problemática ambiental es urgente. No es que esté por encima de las otras, pero si no atendemos esa área, pues no va a haber ni siquiera posibilidad de pelear por los otros derechos, porque no vamos a existir.

CCA: ¿Y cuál fue el proceso, tanto de investigación como creativo, para la realización del proyecto del agua? ¿Ya tiene un nombre?
Natalia: La obra se llama Tejidos del entorno. Este proyecto ha visto la luz gracias fondo “EKA”, el Estímulo Fiscal para la Cultura y las Artes. Ese apoyo nos permitió financiar este proyecto y costear los estudios ambientales de laboratorio necesarios para realizarlo. Además, otras empresas fungieron como nuestros patrocinadores: Al Súper y RIPIPSA.
Al principio buscamos otros proyectos similares, antecedentes, qué estaban haciendo otras artistas. Incluso hay una rama del arte llamada Water Art, que trata todas las problemáticas relacionadas con el agua. Así empezamos a investigar, y luego definimos el enfoque: decidimos centrarnos en el río Chuviscar, que es el cuerpo de agua más importante en la ciudad de Chihuahua. Está super abandonado.
No lo quisimos ver solo como el río dentro de la ciudad, sino como parte de una cuenca. A partir de nuestras investigaciones, seleccionamos cinco puntos clave, como la Presa Chihuahua —de donde todavía se bebe agua, aunque solo un 2% sigue siendo potable— y el Arroyo de las Ánimas, que cruza un área muy bonita donde se forman estanques. Colectivas medioambientales llevan cerca de diez años buscando que se declare patrimonio del Estado.
CCA: ¿Como área protegida?
Natalia: Exactamente. Porque justo al lado se tira escombro.
CCA: ¿Qué otros puntos conforman el proyecto?
El tercer punto que seleccionamos es la intersección del Río Chuviscar con el Sacramento, un lugar completamente olvidado. Ahí llega agua contaminada a la cuenca del río.
También elegimos un punto más al norte del Sacramento, porque ahí descarga la Planta Tratadora de Agua Norte. Queríamos analizar la calidad del agua que ahí se vierte.
El último punto son las acequias agrícolas. Oscar te puede explicar más.


Oscar: Las acequias agrícolas están por la Juan Pablo II, rumbo al aeropuerto. Ese espacio es muy importante ambientalmente. Antes eran puros ejidos, pero la mancha urbana ha crecido muchísimo. Entre 2000 y 2006 hubo un plan de urbanización que contemplaba dirigir los arroyos para evitar inundaciones. La idea era que los arroyos funcionaran como corredores con árboles, para personas y bicicletas. Pero ese plan no se respetó, y por eso ahora no hay control ni protección para las cuencas o arroyos.
En el punto donde muestreamos es muy claro: está la carretera, luego el arroyo, y enseguida las construcciones. No hay espacio para que el agua fluya si se desborda. Además, ese sitio es clave porque ahí se ve lo que descarga la planta de tratamiento sur. Investigando, supimos que esa agua va al Río Chuviscar, pero antes pasa por acequias agrícolas que se usan para riego.
Ese espacio es clave, porque nos permitió comprender el recorrido del agua y su uso, y eso es parte central del mensaje que queremos transmitir.
CCA: ¿Cómo vincularon esta información con la creación de la pieza?
Natalia: En el trabajo de campo, cada uno eligió un punto y lo visitamos para sentir el lugar. Hicimos investigación de campo para registrar las características del entorno y cómo este influye en todo lo que lo rodea.
Recolectamos agua y medimos color, pH, temperatura, turbidez, de forma visual, pero queríamos saber qué había dentro del agua a nivel microscópico. Por eso queríamos la participación de un laboratorio acreditado. Los estudios fueron fundamentales para conceptualizar las piezas. Le dieron sentido y solidez a todo el proyecto.


Isis: Nuestro objetivo con esta investigación es que se convierta en un recurso público. Queremos que esté disponible para que cualquiera pueda consultarla, incluso estudiantes que hagan tesis sobre el agua. Es nuestra forma de devolver la información a la comunidad, reinterpretada a través del arte. Es una postura de nuestra colectiva sobre cómo entendemos el arte: como una herramienta para socializar el conocimiento.
Y eso nos ha abierto muchas puertas. Aunque a veces las empresas se interesan porque quieren cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible o ser «socialmente responsables», nosotras nunca dejamos de insistir en el enfoque social, en el derecho humano al agua, en despertar una conciencia genuina.
Los estudios eran imprescindibles. La base científica es parte estructural de todo nuestro discurso. Queremos que esta instalación genere conciencia tanto en la ciudadanía como en personas con poder de decisión, que incluso puedan impulsar propuestas de ley para proteger nuestros recursos hídricos. Buscamos que se les dé la importancia que merecen estos cuerpos de agua.

Natalia: Otro punto que olvidé es que, en esas visitas, también recolectamos objetos del lugar. Hicimos unos mini ecosistemas experimentales: tierra, piedras, materiales orgánicos e inorgánicos. Siempre con guantes y cubrebocas, respetando el ecosistema.
Pusimos los objetos en cajas con el agua recolectada, y encima colocamos un metro de manta cruda pretratada con alumbre, para que absorbiera los tintes y residuos. Fue un experimento.
CCA: ¿Buscaban obtener la impronta de los objetos sobre la tela?
Isis: Más bien ver qué le hacen el agua y los objetos con el paso del tiempo a la tela de fibras naturales. Es parte de nuestro proceso creativo. Estos textiles los usamos en las máscaras del proyecto.
Natalia: Estuvieron dos meses en esas condiciones.
Isis: Y la tela cambió mucho dependiendo del punto de recolección. Documentamos todo. Se generó materia orgánica: caracoles, hongos, mosquitos… Luego desinfectamos con vinagre y agua caliente. Algunas se plancharán, y quizá se pierdan trazos, pero todo es parte del proceso.
Natalia: Lo interesante es que muchas de nuestras percepciones al visitar los puntos se confirmaron con los análisis. El deterioro y la contaminación son evidentes.



CCA: ¿Buscan incidir en políticas públicas?
Natalia: Sería lo ideal. Nuestros proyectos buscan trascender, no apropiarse del tema y ya. Queremos incidir realmente. Por eso exploramos mecanismos de participación ciudadana. Es la forma de pasar del arte a la acción.
CCA: ¿Cómo suele reaccionar el público ante su obra?
Isis: es muy diverso, depende de la temática que estemos abordando. Han incluso llorado y nosotros con ellos. Por ejemplo, cuando trabajamos con esculturas que hablaban de personas que han sido víctimas de violencia o desapariciones, como es tocar temas complicados, y sobre todo que algunas piezas incluyen trabajo de las personas involucradas en el tema, se vuelven muy potentes.
Oscar: siempre va a haber de todo, creo que en cualquier expresión artística las personas adquieren cierta sensibilidad hacia el arte, ya sea por la forma, por los colores, por lo que trata de comunicar o algunos que simplemente pasan de largo. Hay gente que incluso comparte su experiencia ante la pieza.
CCA: ¿y el público de Chihuahua si logra conectar con sus piezas?
Natalia: por ejemplo, la comunidad artística local ha recibido muy bien nuestro trabajo. Al principio como no pertenecemos de origen al gremio del arte, nos sentíamos un poco ajenos, pero con base en nuestro trabajo nos hemos ido abriendo paso en este sector.
Así mismo, sentimos que nuestro trabajo es lograr que al menos una persona cambie su perspectiva respecto al tema.
CCA: ¿Qué sigue para Nortejiendo?
Natalia: Difundir este proyecto: exposiciones, instalaciones en espacios públicos, compartir los resultados. Darle continuidad con lo que logramos gracias a esta beca, y también seguir con nuestros otros proyectos: el del Mercado La Reforma, y el del Valle de Juárez, sobre un tiradero nuclear en Sierra Blanca, Texas. Seguimos dándoles seguimiento.

Para conocer más sobre Nortejiendo y su trabajo visita:
Crédito de imágenes:
Imagen de portada:
Cano, M. (2025, junio). [Fotografía propia]. Centro de Calidad Ambiental.
Imágenes 2 y 3:
Nortejiendo. (s.f.). [Fotografías de reuniones Nortejiendo]. Recuperadas de https://nortejiendo.myportfolio.com/reuniones-nortejiendo
Imagen 4:
Nortejiendo. (s.f.). [Fotografía de presentación del colectivo]. Recuperada de https://nortejiendo.myportfolio.com/about
Imágenes 5 y 6:
Nortejiendo. (s.f.). [Fotografías del proyecto Vacíos]. Recuperadas de https://nortejiendo.myportfolio.com/vacios
Imágenes 7 y 8:
Cano, M. (2025, junio). [Fotografías propias]. Centro de Calidad Ambiental.
Imagen 9:
Cano, M. (2025, junio). [Fotografía propia]. Centro de Calidad Ambiental.
Imágenes 10 y 11:
Nortejiendo. (2023, diciembre 4). [Capturas de video publicadas en Instagram] [Imágenes]. Instagram. https://www.instagram.com/nortejiendo/
Imagen 12:
Nortejiendo. (2024, junio 27). [Captura de video publicada en Instagram] [Imagen]. Instagram. https://www.instagram.com/nortejiendo/
Imagen 13:
Nortejiendo. (2024, junio 24). [Captura de video publicada en Instagram] [Imagen]. Instagram. https://www.instagram.com/nortejiendo/
Imágenes 14 a 17:
Cano, M. (2025, junio). [Fotografías propias]. Centro de Calidad Ambiental.
